Jean-Paul Sartre
La existencia precede a la esencia: estamos condenados a ser libres.
Ideas erróneas
«El infierno son los otros»: Sartre piensa que los otros son nuestro infierno.
La frase la pronuncia Garcin, un personaje de A puerta cerrada, hacia el final de la obra, cuando comprende que está encerrado con otras dos personas que lo juzgan. No es una tesis que Sartre enuncie en nombre propio. En la conferencia de 1945 llega a escribir que no se puede alcanzar ninguna verdad sobre uno mismo sin pasar por el otro, que es «indispensable para mi existencia». El sentido que el propio Sartre daba a la fórmula no figura en nuestro corpus: no la cites como doctrina suya sin comprobarlo.
Sartre inventó «la existencia precede a la esencia» para su conferencia divulgativa de 1945.
La fórmula ocupa el centro de la conferencia, donde la explica con el ejemplo del cortapapeles. Pero en El ser y la nada (1943, IV, 1, I) ya se lee que, para el ser humano, «la existencia precede y condiciona la esencia», lo cual equivale a decir que el hombre es libre. La conferencia es, pues, la versión sencilla de una idea del gran libro, no su origen.
Para Sartre, sin Dios todo está permitido, así que cada uno puede hacer cualquier cosa.
Toma la frase de Dostoievski como punto de partida: sin Dios, no se nos da ninguna regla de antemano, y eso es lo que deja al hombre «desamparado» y angustiado. Escribe después que se puede elegir, pero no no elegir, y que elegir compromete a toda la humanidad. Rechaza la acusación de capricho, aunque admite que los valores se eligen. Que esto baste para evitar la arbitrariedad es un punto muy debatido.
Sartre aceptó el Premio Nobel de Literatura en 1964.
El premio le fue concedido en 1964 y lo rechazó, como rechazaba las distinciones oficiales. Su declaración pública sobre este rechazo no figura en nuestro corpus.