Simone de Beauvoir
No se nace mujer: se llega a serlo.
Ideas erróneas
Beauvoir no es más que la discípula de Sartre.
Sus textos muestran un diálogo, no una copia. Retoma el vocabulario de El ser y la nada y se sitúa dentro de la «moral existencialista». Pero escribe que Sartre insistió sobre todo en el aspecto fallido de la aventura humana, y que solo en las últimas páginas abre la perspectiva de una ética: esa ética es la que ella desarrolla en Para una moral de la ambigüedad. Allí sostiene que el fracaso no se supera, sino que se «asume», y que la libertad, aunque se da al comienzo, también debe ser querida para volverse moral. Por último, el Otro aplicado a la condición de las mujeres es un tema propio de ella. Quién influyó en quién, nuestros textos no lo zanjan, y no usamos datos biográficos, que quedan fuera de nuestro corpus.
«No se nace mujer, se llega a serlo» significa que el cuerpo o el sexo no existen, y que todo es cuestión de elección.
Habla de «la hembra humana» y escribe que «la división de los sexos es un dato biológico». Lo que rechaza es el destino: ningún destino biológico define la figura social de «la mujer». Y no es una elección individual: el devenir pasa por «la mediación del otro», y la llamada pasividad femenina es «un destino impuesto por los educadores y por la sociedad». La discusión completa de la biología (volumen I) no está en nuestro corpus.
«No se nace mujer, se llega a serlo» es la primera frase de El segundo sexo.
El libro se abre con una vacilación: «Mucho he dudado antes de escribir un libro sobre la mujer». La célebre frase abre el volumen II, primera parte, capítulo «Infancia», que comienza explicando lo que significa. Y la traducción importa: H. M. Parshley (1953) escribe «becomes a woman», Borde y Malovany-Chevallier (2009) «becomes, woman», más cercano al francés, sin artículo.