Immanuel Kant
Fijar los límites de la razón; actuar por deber.
Immanuel Kant (1724 · 1804, Prusia): filosofía crítica (idealismo trascendental) y ética kantiana. Antes de conocer el mundo, hay que examinar qué puede conocer la razón. Kant invierte la perspectiva: los objetos se ajustan a nuestro conocimiento. En AskPhilosophy: 16 argumentos reconstruidos, 4 citas verificadas palabra por palabra en los textos originales y 2 creencias comunes examinadas; cada texto lleva una insignia de autenticidad (escrito por el autor, póstumo, apuntes de alumnos, transmitido, apócrifo).
Por qué es importante
Su «revolución copernicana» transformó la teoría del conocimiento. Su ética del deber y de la dignidad humana sigue inspirando los derechos humanos. Cerró la puerta a las pruebas clásicas de la existencia de Dios, pero conservó la fe como «postulado» moral.
Su época
Casi nunca salió de Königsberg. Profesor universitario, publicó su obra principal a los 57 años, tras diez años de silencio. Defendió la Ilustración: «Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento».
Sus posiciones
haz clic en una fila para ver la pruebaLa razón teórica no puede probar a Dios, pero la razón práctica lo plantea como «postulado»: una creencia exigida por la vida moral, no un conocimiento.
Ni racionalista ni empirista: todo conocimiento comienza con la experiencia, pero las formas de nuestra mente la organizan. Los objetos se ajustan a nuestro conocimiento.
La certeza es posible dentro de los límites de la experiencia (matemáticas, física); imposible más allá de ellos (Dios, el alma, el mundo como totalidad).
No podemos probar que el alma sea una sustancia inmaterial, ni lo contrario: la cuestión excede el conocimiento posible.
La libertad es la condición de la ley moral, y la ley moral es la manera en que sabemos que somos libres.
La ley moral es universal y obliga a todo ser racional, con independencia de los deseos y las culturas.
Limita el saber para dejar sitio a la fe: la razón fija sus propios límites, más allá de los cuales sigue siendo posible una fe racional.
El sentido de la vida humana es moral: hacerse digno de la felicidad mediante el deber. De ahí su asombro ante «la ley moral en mí».
Los seres humanos son capaces de razón y de moralidad, pero tienden a permanecer en una «minoría de edad» de la que ellos mismos son culpables.
Defiende el uso público y libre de la razón como condición de la Ilustración, al tiempo que propugna la obediencia a la ley.
La ética del deber por excelencia: una acción es correcta si su máxima puede convertirse en ley universal, cualesquiera que sean las consecuencias.