Séneca
No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho.
Ideas erróneas
«Errar es humano, perseverar es diabólico» es una frase de Séneca.
No se encuentra en sus obras conservadas, y la palabra «diabólico» es cristiana. La idea aparece en Cicerón (Filípicas XII, 5: equivocarse es propio de cualquier hombre, perseverar en el error solo del necio) y la fórmula se aproxima a un sermón de Agustín (Sermón 164). Ninguno de estos textos está todavía en nuestro corpus.
Séneca mantuvo correspondencia con san Pablo.
Existe, en efecto, una correspondencia de catorce cartas entre Séneca y Pablo, pero es una falsificación escrita en el siglo IV (san Jerónimo la conoce hacia el 392). Ni el estilo ni el contenido son de Séneca ni de Pablo. Nada prueba que se conocieran.
Séneca predicaba la pobreza pero vivía en el lujo: un hipócrita.
Era, en efecto, inmensamente rico, y sus enemigos se lo reprochaban en vida (el historiador Tácito recoge una acusación del año 58). Él mismo responde: no pretende despreciar la riqueza hasta el punto de rechazarla, sino no depender de ella; el sabio «no ama las riquezas, pero las prefiere». Y reconoce: «No soy un sabio.» El debate sobre su coherencia dura desde la Antigüedad.
Para un estoico, el sabio no siente el dolor.
Séneca mismo lo dice: «no digo que [el alma valiente] no los sienta, sino que los vence». También admite unos «primeros movimientos» involuntarios (palidecer, estremecerse, turbarse), que afectan incluso al sabio: lo que él rechaza es abandonarse a ellos.