Preguntas¿Qué es una sociedad justa?El contrato y el soberano absoluto
¿Qué es una sociedad justa?El contrato

El contrato y el soberano absoluto

Thomas Hobbes 1588 · 1679Sin un Estado, la vida sería solitaria, brutal y breve.
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Lo que sostiene

Por lo tanto, para salir de la guerra, los hombres deben instituir, mediante un pacto de cada uno con cada uno, un soberano (hombre o asamblea) con poder absoluto e indivisible.

Por qué

Las promesas sin la espada no son más que palabras, y un poder limitado devuelve toda disputa a la fuerza: hace falta un soberano absoluto.

En resumen

«El contrato y el soberano absoluto» es un argumento de Thomas Hobbes (Leviatán, caps. 17 y 18) sobre la pregunta «¿Qué es una sociedad justa?» (respuesta: el contrato). Su tesis: Por lo tanto, para salir de la guerra, los hombres deben instituir, mediante un pacto de cada uno con cada uno, un soberano (hombre o asamblea) con poder absoluto e indivisible. Según la verificación lógica de AskPhilosophy (solucionador Z3), el argumento es válido solo si se admite una premisa que el autor no formula (P4). AskPhilosophy presenta 5 objeciones, 3 de ellas con una réplica documentada, y el texto original de cada premisa, verificado palabra por palabra.

Leviatán, caps. 17 y 18
Válido con una premisa implícita

Para salir de la guerra de todos contra todos, cada uno dice a cada uno: «Autorizo a este hombre, o a esta asamblea, y le cedo mi derecho a gobernarme, con la condición de que tú hagas lo mismo». Así nace el Leviatán, ese «dios mortal». ¿Por qué su poder debe ser absoluto? Porque, según Hobbes, cualquier otra solución conduce de nuevo a la guerra.

P1Sin un poder común que los mantenga en el temor, los hombres están en guerra, aunque se hayan prometido la paz: los pactos sin la espada no son más que palabras.
P2Un poder que no fuera absoluto, sino limitado por condiciones, no resuelve nada: si se discute si ha violado esas condiciones, ningún juez está por encima de él. La disputa vuelve a la espada, y cada uno recupera el derecho de protegerse con su propia fuerza.
P3Los peores inconvenientes de un poder ilimitado apenas se sienten en comparación con las miserias y las horribles calamidades de una guerra civil.
P4 · premisa implícitaSi rechazar el poder absoluto conduce a la guerra, y si sus males son menores que los de la guerra, los hombres que buscan la paz deben instituirlo: entre dos males, se elige el menor.
P5El único modo de instituir tal poder es que cada uno, mediante un pacto con cada uno, confíe todo su poder a un solo hombre o a una sola asamblea, que reduzca todas las voluntades a una sola.
Por lo tanto, para salir de la guerra, los hombres deben instituir, mediante un pacto de cada uno con cada uno, un soberano (hombre o asamblea) con poder absoluto e indivisible.

haz clic en una premisa para rechazarla

Si aceptas todas las premisas, la lógica te obliga a aceptar la conclusión. Por tanto, el debate gira en torno a las premisas.
Verificado por un solucionador lógico: es imposible que todas las premisas sean verdaderas y la conclusión falsa.
Sin la premisa implícita: Sin P4, el ordenador encuentra un caso en el que rechazar el poder absoluto conduce a la guerra y ese poder es el mal menor, pero en el que nadie lo instituye: nada obliga todavía a elegir el mal menor.
Con P4, la conclusión se sigue. P1 y P2 cierran todas las puertas menos una: sin poder, guerra; con un poder limitado, de nuevo guerra. Queda el poder absoluto. P4 es la regla de elección que Hobbes no formula en estos términos, pero que se deriva de su primera ley de naturaleza («buscar la paz»). Sin ella, saber que el absolutismo es el mal menor no basta para afirmar que deba elegirse. Los ataques reales apuntan a P2 (¿es realmente inestable un poder limitado?) y a P3 (¿es realmente el poder absoluto menos peligroso que la guerra?).
Analogía. Un partido sin árbitro degenera en pelea. Los jugadores nombran un árbitro. Pero si cada decisión del árbitro puede ser impugnada y nadie está por encima de él para zanjar, volvemos a la pelea. Hobbes concluye: hace falta un árbitro cuyas decisiones se acepten todas, incluso las malas. Sus adversarios responden: ¿y si el árbitro juega para un equipo?

Objeciones

5

Cada objeción es una conversación: haz clic para ver quién responde y en qué punto está el debate.

Objeción anticipada por Hobbes ataca la premisa 3

La condición de los súbditos es muy miserable: están expuestos a los caprichos y a las pasiones desordenadas de quien tiene en sus manos un poder tan ilimitado.

Hobbes responde
Hobbes
La condición humana nunca está exenta de inconvenientes, y los peores males de cualquier gobierno apenas se notan junto a los de la guerra civil. El soberano no tiene ningún interés en debilitar a sus súbditos, pues su fuerza es la de ellos. Pero cada uno mira sus impuestos a través de lentes de aumento, sus pasiones y el amor propio, y carece de los anteojos de larga vista que le mostrarían de lejos las desgracias que esos impuestos evitan.
Locke 1689 · ataca la premisa 3

Los monarcas absolutos no son más que hombres. Pensar que se está seguro bajo un poder sin límites es creer que los hombres se protegen con cuidado de las comadrejas y los zorros, pero encuentran perfectamente seguro ser devorados por leones. Quien está expuesto a la voluntad de un solo hombre que manda a cien mil se encuentra en peor condición que en el estado de naturaleza.

sin respuesta
No es posible una respuesta: objeción formulada en 1689, después de la muerte del autor (1679).
El debate continúa (nuestro resumen) Hobbes muere en 1679, diez años antes de la publicación del Segundo tratado, y Locke no se dirige a él por su nombre. Su respuesta general ya está en el Leviatán (objeción anterior): el león es menos peligroso que la guerra de todos contra todos. Locke discute precisamente esa comparación: la guerra civil no es la única alternativa al déspota.
Montesquieu 1748 · ataca la premisa 2

Un poder limitado no es necesariamente inestable. Si se separan el poder de hacer las leyes, el de ejecutarlas y el de juzgar, el poder frena al poder: no hace falta un juez único por encima de todo (Del espíritu de las leyes, libro XI). Desde entonces, muchos regímenes constitucionales viven en paz sin un soberano absoluto, lo que parece darle la razón.

sin respuesta
resumen: su texto aún no está en nuestro corpus
No es posible una respuesta: objeción formulada en 1748, después de la muerte del autor (1679).
El debate continúa (nuestro resumen) Un hobbesiano respondería que, en un régimen de poderes separados, siempre hay una instancia que tiene la última palabra (el pueblo que vota, la constitución que puede reformarse): la soberanía no ha desaparecido, ha cambiado de forma. Hobbes, por lo demás, había previsto el caso: para él, la idea de un poder compartido entre el rey, los Lores y los Comunes había llevado a Inglaterra a la guerra civil.
Rousseau 1762 · ataca la conclusión

Renunciar a la libertad es renunciar a la condición de hombre. Un pacto en el que uno lo da todo y el otro no promete nada es nulo. Se dice que el déspota asegura la tranquilidad: también se vive tranquilo en las mazmorras; ¿basta eso para que resulten deseables?

Hobbes responde
Hobbes Respuesta anticipada de Hobbes (Leviatán, 1651)
No pido que se renuncie a todo. Algunos derechos no pueden cederse: si el soberano ordena a un hombre, incluso justamente condenado, que se mate, que se hiera o que no resista a quienes lo atacan, ese hombre tiene la libertad de desobedecer. Y la obligación de los súbditos dura solo mientras el soberano tiene el poder de protegerlos.
El debate continúa (nuestro resumen) Rousseau respondería que eso es muy poco: el súbdito de Hobbes conserva el derecho a huir o a defenderse, pero no el de participar en las leyes. Y en Hobbes el soberano, por su parte, no promete nada: el pacto se hace entre los súbditos, no con él (Leviatán, 18). Para Rousseau, solo es libre quien obedece la ley que se ha dado a sí mismo.
Hume 1748 · ataca la premisa 5

Casi todos los gobiernos existentes se fundaron en la conquista o la usurpación, no en un contrato. Y obedecemos por costumbre y porque es útil, no porque lo hayamos prometido. (Ensayo «Del contrato original».)

Hobbes responde
resumen: su texto aún no está en nuestro corpus
Hobbes Respuesta anticipada de Hobbes (Leviatán, 1651)
Lo sé: junto al Estado por institución existe el Estado por adquisición, fundado por la fuerza. Pero incluso ahí, no es la victoria lo que da el derecho de mandar sobre el vencido, sino su propio pacto: está obligado, no porque haya sido derrotado, sino porque se somete al vencedor. Un pacto hecho por miedo sigue siendo válido; de lo contrario, nadie, en ningún Estado, estaría obligado a obedecer. Y los derechos del soberano son los mismos en ambos casos.
El debate continúa (nuestro resumen) Hume respondería que una «promesa» arrancada por el miedo al vencedor ya no es un verdadero consentimiento. Y, sobre todo, Hobbes no responde a su segunda crítica: si cumplimos nuestras promesas porque es útil para la sociedad, entonces la obediencia descansa directamente en esa utilidad, y el contrato resulta innecesario para explicarla.