Preguntas¿Somos libres?La voluntad infinita: lo que nos hace semejantes a Dios
¿Somos libres?Libre albedrío

La voluntad infinita: lo que nos hace semejantes a Dios

La voluntad infinita de Descartes (el libre albedrío cartesiano)

René Descartes 1596 · 1650Dudar de todo para encontrar lo que resiste a la duda.
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Lo que sostiene

Por lo tanto, mi voluntad es realmente libre: esta es una de nuestras nociones más evidentes, y el poder de Dios no es una razón para negarla. Esta libertad me hace semejante a Dios, mis errores provienen de mi uso de la voluntad y no de Dios, y la libertad más alta no es la indiferencia.

Por qué

Solo mi voluntad carece de un límite que yo pueda concebir, y mi experiencia interior más clara me muestra que actúo sin coacción.

La misma idea a lo largo de la historia
René Descartes1641En la cuarta Meditación, al buscar de dónde vienen nuestros errores, Descartes descubre que la voluntad es la única facultad que no concibe como más grande, y que es ella la que lo hace semejante a Dios.
René Descartes1644En los Principios, Descartes añade que esta libertad se conoce sin prueba: incluso dudando de todo, sentíamos que podíamos negar nuestro asentimiento.
En resumen

«La voluntad infinita: lo que nos hace semejantes a Dios» es un argumento de René Descartes (Meditación IV, 1641; Principios I, 35 a 41, 1644, 1641) sobre la pregunta «¿Somos libres?» (respuesta: libre albedrío). Su tesis: Por lo tanto, mi voluntad es realmente libre: esta es una de nuestras nociones más evidentes, y el poder de Dios no es una razón para negarla. Esta libertad me hace semejante a Dios, mis errores provienen de mi uso de la voluntad y no de Dios, y la libertad más alta no es la indiferencia. Según la verificación lógica de AskPhilosophy (solucionador Z3), el argumento es válido solo si se admite una premisa que el autor no formula (P6). AskPhilosophy presenta 4 objeciones, 3 de ellas con una réplica documentada, y el texto original de cada premisa, verificado palabra por palabra.

Meditación IV, 1641; Principios I, 35 a 41, 1644
Válido con una premisa implícita

Descartes busca el origen de nuestros errores y hace un descubrimiento sobre la libertad. De todas nuestras facultades, solo una carece de un límite que podamos concebir: la voluntad. Para él, ser libre es poder hacer o no hacer algo sin sentir ninguna coacción exterior. Esta libertad es lo que nos hace semejantes a Dios, y es también lo que explica nuestros errores: Dios nos dio una voluntad perfecta, y nosotros la extendemos demasiado lejos. Descartes añade una idea sorprendente: poder elegir a cara o cruz (la indiferencia) es el grado más bajo de la libertad. Somos tanto más libres cuanto más claramente vemos lo verdadero y lo bueno.

P1Entre todas mis facultades, el entendimiento, la memoria y la imaginación son limitados, y concibo su forma infinita en Dios. Solo la voluntad, o libre albedrío, la experimento tan grande que no puedo concebir la idea de una voluntad mayor. Es ella sobre todo la que me hace llevar la imagen y semejanza de Dios.
P2Esta libertad consiste únicamente en esto: ante lo que el entendimiento me propone, afirmo o niego, persigo o evito, sin sentir que ninguna fuerza exterior me obligue a ello.
P3Ser libre no exige ser indiferente entre dos opciones. Cuanto más me inclino hacia lo verdadero y lo bueno que veo con claridad, más libremente elijo. La indiferencia, cuando nada me empuja hacia ningún lado, es solo el grado más bajo de la libertad: muestra una falta de conocimiento.
P4La voluntad llega más lejos que el entendimiento: puedo dar mi asentimiento a cosas que no comprendo. Mis errores nacen únicamente de esto. Por lo tanto, no provienen ni de mi voluntad, que es perfecta en su género, ni de mi entendimiento, sino del uso que hago de ellos. Dios no es su causa.
P5Incluso cuando dudábamos de todo y suponíamos un creador que nos engaña en todas las cosas, percibíamos en nosotros una libertad lo bastante grande como para impedirnos creer lo que aún no era perfectamente cierto. Lo que percibíamos distintamente, y de lo que no podíamos dudar durante una duda tan general, es tan cierto como todo lo que podemos llegar a conocer.
P6 · premisa implícitaCuando la experiencia interior más clara me muestra que actúo sin coacción, realmente es así: lo que se percibe clara y distintamente no es falso, y un simple sentimiento de libertad no puede ser una ilusión en este punto.
P7Si no logro comprender cómo se concilia mi libertad con la omnipotencia de Dios, que lo quiso y previó todo desde toda la eternidad, esa no es una razón para negarla. Mi mente es finita, el poder de Dios es infinito, y sería absurdo dudar de lo que experimento en mí porque no comprendo otra cosa que sé que es incomprensible.
Por lo tanto, mi voluntad es realmente libre: esta es una de nuestras nociones más evidentes, y el poder de Dios no es una razón para negarla. Esta libertad me hace semejante a Dios, mis errores provienen de mi uso de la voluntad y no de Dios, y la libertad más alta no es la indiferencia.

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Si aceptas todas las premisas, la lógica te obliga a aceptar la conclusión. Por tanto, el debate gira en torno a las premisas.
Verificado por un solucionador lógico: es imposible que todas las premisas sean verdaderas y la conclusión falsa.
Sin la premisa implícita: Sin P6, se puede aceptar todo lo demás y decir de todos modos: sí experimentamos una libertad, pero ese sentimiento puede provenir de nuestra ignorancia de las causas. Esa es exactamente la posición de Spinoza.
El argumento es válido. P2, P5 y P6 dan la libertad real: la experimentamos con claridad (P5), consiste en no sentir ninguna coacción (P2), y lo que experimentamos así es verdadero (P6). P7 descarta la objeción teológica. P1 y P4 dan la semejanza con Dios y la inocencia de Dios en el error, P3 el rango de la indiferencia. El punto más discutido es P6, la premisa oculta: ¿basta la experiencia interior? Ahí es donde ataca Spinoza. El otro es P2, que define la libertad por un sentimiento (no sentir ninguna coacción).
Analogía. Nuestra imagen, no la de Descartes. Nadie pide una prueba para saber que le duele algo: el dolor se siente, y sentirlo basta. Descartes dice lo mismo de la libertad: mientras vea que puedo dar o negar mi asentimiento, y no sienta ninguna fuerza que tire de mí, no necesito ninguna otra prueba. El debate gira en torno a este punto: ¿se «siente» la libertad como un dolor?

Objeciones

4

Cada objeción es una conversación: haz clic para ver quién responde y en qué punto está el debate.

Pierre Gassendi 1641 · ataca la premisa 1

¿Por qué Descartes pone límites al entendimiento y ninguno a la voluntad? Las dos facultades parecen tener la misma extensión, o al menos el entendimiento parece tan extenso como la voluntad: la voluntad no puede dirigirse hacia ninguna cosa que el entendimiento no haya visto antes.

Descartes responde
Descartes 1641
Responde en una frase: la voluntad se extiende más allá de los límites del entendimiento a todas las cosas en las que nos equivocamos.
El debate continúa (nuestro resumen) Esta respuesta es breve y su sentido es discutido. En el mismo texto, Gassendi piensa que la falta proviene menos de una voluntad demasiado amplia que de un entendimiento que concibe mal la cosa. Spinoza retomará la idea en 1677: para él, la voluntad no es más amplia que las percepciones (véase su propio argumento sobre la libertad).
L
Los autores de las Sextas objeciones (teólogos y filósofos reunidos por Mersenne) 1641 · ataca la premisa 3

Si la indiferencia es una imperfección, entonces Dios no es libre, pues es indiferente cuando crea este mundo en lugar de otro. Hay que creer que Dios fue indiferente a la hora de crear un mundo, varios o ninguno. Por lo tanto, la indiferencia debe formar parte de la libertad, tanto la nuestra como la de Dios.

Descartes responde
Descartes 1641
La libertad de Dios y la nuestra son de naturaleza distinta: en Dios, ninguna idea del bien precede a su voluntad, por lo que su indiferencia es perfecta. El hombre encuentra el bien y la verdad ya fijados por Dios. Para él, la indiferencia no es de la esencia de la libertad: somos libres también, y sobre todo, cuando el conocimiento claro de una cosa nos impulsa hacia ella.
El debate continúa (nuestro resumen) Descartes separa la libertad de Dios de la libertad humana. Su respuesta equivale a decir que la libertad no se mide por el poder de elegir otra cosa, sino por la ausencia de coacción exterior. Sus adversarios ven en ello un debilitamiento del libre albedrío: si lo verdadero nos empuja, ¿qué queda de la posibilidad de obrar de otro modo? (nuestro resumen del debate)
Thomas Hobbes 1641 · ataca la premisa 5

Hobbes observa que la libertad del libre albedrío se supone sin ser probada, y que esta suposición es contraria a la opinión de los calvinistas.

Descartes responde
Descartes 1641
No ha supuesto nada más que lo que sentimos cada día en nosotros mismos, y que es muy conocido por la luz natural.
Descartes 1641
Mucha gente, al pensar en la preordenación de Dios, no comprende cómo nuestra libertad puede subsistir con ella. Pero nadie, al mirarse a sí mismo, deja de experimentar que lo voluntario y lo libre son una sola y misma cosa.
El debate continúa (nuestro resumen) Descartes responde con la experiencia que cada uno tiene de sí mismo, no con una prueba: este es exactamente el punto que Spinoza atacará. En esta respuesta deja abierta la cuestión de la predestinación; volverá a ella en 1644 (Principios I, 40-41), diciendo que nuestra mente es demasiado finita para comprenderla. Hobbes, por su parte, sostendrá que la libertad es solo la ausencia de obstáculos y que todo es necesario (véase su propio argumento sobre la libertad).
Baruch Spinoza 1677 · ataca la premisa 5

Spinoza niega que tengamos un libre poder de suspender nuestro juicio. Cuando decimos que alguien suspende su juicio, solo decimos que ve que no percibe la cosa de manera adecuada. La suspensión del juicio es, pues, en realidad una percepción, y no una libre voluntad.

sin respuesta
No es posible una respuesta: objeción formulada en 1677, después de la muerte del autor (1650).
El debate continúa (nuestro resumen) Descartes murió en 1650, antes de la Ética: no pudo responder. Un cartesiano diría que la experiencia de la libertad es más segura que cualquier teoría (Principios I, 41). Un spinozista respondería que esa experiencia se explica por la ignorancia de las causas. El debate continúa en el argumento de Spinoza sobre la libertad.