Montesquieu
Para evitar el abuso, es necesario que el poder frene al poder.
Ideas erróneas
Montesquieu inventó la separación de poderes.
La expresión «separación de poderes» no es suya. La idea tampoco es nueva: Locke, en 1690, ya explica que es peligroso que quienes hacen las leyes también las ejecuten. Lo que aporta Montesquieu es una fórmula y un mecanismo: «el poder frena al poder». Distingue tres poderes (hacer las leyes, ejecutarlas, juzgar), pero no los aísla: cada uno puede detener al otro, como el rey, que puede rechazar una ley. Es un equilibrio más que una separación.
Montesquieu justifica la esclavitud.
Falso, en el caso del capítulo más citado. «Sobre la esclavitud de los negros» (XV, 5) es irónico: comienza con «Si yo tuviera que defender nuestro derecho [...], estos serían mis argumentos», y a continuación enumera argumentos deliberadamente absurdos para ridiculizar a los esclavistas. Citar una de esas frases aislada es hacerle decir lo contrario de lo que piensa. Su tesis está en otra parte: la esclavitud «es mala por su propia naturaleza» (XV, 1) y, «como todos los hombres nacen iguales», es «contraria a la naturaleza» (XV, 7). Pero existe una verdadera zona gris: en ese mismo pasaje, su teoría de los climas le lleva a admitir que, en ciertos países muy cálidos, la esclavitud está «fundada en una razón natural». Después retrocede (XV, 8): «quizá» no haya ningún clima en el que no se pueda hacer trabajar a hombres libres. Los especialistas siguen debatiendo esta concesión.
Para Montesquieu, el clima lo decide todo.
Para él, el clima es solo una causa entre otras (religión, leyes, costumbres, modales), y los buenos legisladores son quienes combaten sus malos efectos. Pero su teoría de los climas se apoya en una fisiología de su época (unas «fibras» que se contraen con el frío) y en relatos de viajeros. Algunas frases están hoy anticuadas y resultan chocantes, como «El poder en Asia debe ser, pues, siempre despótico». Es una tesis del siglo XVIII, no un hecho.