Preguntas¿Es el ser humano bueno por naturaleza?El robo de las peras: el mal amado por sí mismo
¿Es el ser humano bueno por naturaleza?Propenso al mal

El robo de las peras: el mal amado por sí mismo

El robo de las peras; Confesiones II; el mal gratuito; el niño celoso

Agustín de Hipona 354 · 430Creer para comprender: Dios en lo más íntimo de uno mismo.
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Lo que sostiene

Por tanto, el ser humano es propenso al mal por naturaleza: la voluntad puede amar el mal por sí mismo, sin necesidad ni interés, y esto desde la infancia.

Por qué

Robó sin necesidad y sin placer en la fruta, y no encuentra en ello ningún bien: amó el mal por sí mismo, desde la infancia.

En resumen

«El robo de las peras: el mal amado por sí mismo» es un argumento de Agustín de Hipona (Confesiones I, 7 y II, 4-9 (h. 397-400), 400) sobre la pregunta «¿Es el ser humano bueno por naturaleza?» (respuesta: propenso al mal). Su tesis: Por tanto, el ser humano es propenso al mal por naturaleza: la voluntad puede amar el mal por sí mismo, sin necesidad ni interés, y esto desde la infancia. Según la verificación lógica de AskPhilosophy (solucionador Z3), el argumento es válido solo si se admite una premisa que el autor no formula (P4, P7). AskPhilosophy presenta 4 objeciones, 3 de ellas con una réplica documentada, y el texto original de cada premisa, verificado palabra por palabra.

Confesiones I, 7 y II, 4-9 (h. 397-400)
Válido con una premisa implícita

A los dieciséis años, Agustín roba peras con una pandilla de jóvenes. No tiene hambre, tiene mejores peras en casa, y estas ni siquiera son buenas: se comen unas pocas y echan el resto a los cerdos. Años después, en sus Confesiones, se pregunta por qué, y no encuentra ningún motivo. Para él, este episodio revela algo sobre el ser humano en general: podemos amar el mal por sí mismo, y esta inclinación ya se muestra en el niño de pecho celoso. Es una versión particular del bando de los «inclinados al mal»: el mal no procede del interés ni de la necesidad, sino de una voluntad que se vuelve hacia donde no debe. La forma P1 a P7 es nuestra reconstrucción, a partir de Confesiones I, 7 y II, 4-9.

P1El robo fue innecesario: Agustín tenía mejores peras en abundancia, estas no tenían ni belleza ni sabor, y las tiró a los cerdos.
P2Cuando buscamos la causa de un crimen, solemos encontrarle un motivo: un bien que obtener o un mal que evitar. Incluso Catilina, que pasaba por malvado sin razón, tenía un propósito.
P3Tras examinarlo, Agustín no encuentra en este robo «ninguna sombra de belleza»: no había nada bueno que ganar, ni necesidad, ni placer en la fruta.
P4 · premisa implícitaSi Agustín, examinándose con honestidad, no encuentra ningún bien en este acto, es que no había ninguno: quiso el robo por sí mismo, «para ser gratuitamente malo».
P5Esta inclinación se muestra desde la más tierna infancia, antes de toda educación y de toda mala compañía: el niño de pecho celoso de su hermano de leche solo es «inocente» por la debilidad de sus miembros, no por su alma.
P6Nadie está limpio de pecado ante Dios, ni siquiera el niño cuya vida sobre la tierra es de un solo día: Agustín retoma aquí la palabra de Job y la aplica a todos.
P7 · premisa implícitaUna inclinación que se encuentra en toda persona desde la infancia, y que puede apegarse al mal por sí mismo, pertenece a la naturaleza humana.
Por tanto, el ser humano es propenso al mal por naturaleza: la voluntad puede amar el mal por sí mismo, sin necesidad ni interés, y esto desde la infancia.

haz clic en una premisa para rechazarla

Si aceptas todas las premisas, la lógica te obliga a aceptar la conclusión. Por tanto, el debate gira en torno a las premisas.
Verificado por un solucionador lógico: es imposible que todas las premisas sean verdaderas y la conclusión falsa.
Sin la premisa implícita: Sin P4 (o sin P7), el ordenador encuentra un caso en el que el robo no respondía a ninguna necesidad ni a ningún bien visible, pero sí a un motivo oculto, por ejemplo el placer de pertenecer a la banda, o bien un caso en el que esa inclinación se encuentra en muchos sin ser la «naturaleza» del ser humano: la conclusión ya no se sigue.
Con sus siete premisas, la conclusión se sigue. El punto más débil es P4, que el texto da por supuesta sin formularla: se pasa de «no encontré ningún motivo» a «no había ninguno». El propio Agustín lo matiza más adelante (II, 6, 14): quizá buscó un falso bien, la sombra de una libertad que consiste en hacer lo que está prohibido. Si este falso bien cuenta como un motivo, la tesis del mal «gratuito» se debilita. P7 también es discutida: ¿bastan un episodio y un niño celoso para hablar de la naturaleza de todos?
Analogía. Un médico que encuentra en un niño de dos años los primeros signos de una enfermedad hereditaria. No dice que el niño haya hecho algo malo: dice que el defecto está ahí, antes de toda elección, y que no es culpa del entorno. Agustín lee el robo de las peras como ese síntoma.

Objeciones

4

Cada objeción es una conversación: haz clic para ver quién responde y en qué punto está el debate.

Sócrates (personaje de Platón) 385 a. C. · ataca la premisa 4

Resumen: en el Menón, Sócrates hace admitir a Menón que nadie desea el mal sabiendo que lo es: quien desea el mal lo toma por un bien, o quiere ser desdichado, lo cual nadie quiere. Aplicado a Agustín: no pudo amar el mal como tal. Amó algo que creía bueno.

Hipona responde
Hipona Lo que dice el propio Agustín, en el mismo libro (II, 6, 14)
Resumen: Agustín se pregunta qué amó en este robo. Propone que quiso hacer por astucia lo que estaba prohibido, porque no podía hacerlo por la fuerza: imitar, como un cautivo, una libertad coja, una imagen tenebrosa de la omnipotencia. Se pregunta entonces si pudo amar lo ilícito solo porque era ilícito.
El debate continúa (nuestro resumen) Las dos posiciones se acercan. Agustín admite que nunca se desea el mal bajo la sola forma del mal: busca en él la imagen deformada de un bien, la libertad. Sócrates diría que eso es exactamente un error sobre el bien. El desacuerdo se refiere a la causa del error: una ignorancia que basta disipar con el saber (Sócrates), o una voluntad que se aparta a sabiendas (Agustín).
En qué punto está el debate (nuestro resumen)Un punto discutido desde la Antigüedad («debilidad de la voluntad» o akrasia). Ambos bandos admiten que el mal toma la apariencia de un bien. Difieren en si se puede querer el mal sabiendo que es malo.
Rousseau 1755 · ataca la premisa 7

Rousseau reconoce que los hombres son malvados: una experiencia triste y continua exime de la prueba. Pero sostiene que el hombre es naturalmente bueno, y que ha sido depravado por los cambios ocurridos en su constitución, los progresos que ha hecho y los conocimientos que ha adquirido. Una inclinación al mal no prueba, pues, que el mal esté en la naturaleza: puede provenir de la vida en sociedad.

sin respuesta
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No es posible una respuesta: objeción formulada en 1755, después de la muerte del autor (430).
El debate continúa (nuestro resumen) Rousseau escribe mil trescientos años después de Agustín, que no podía responderle. La réplica de un agustiniano sería el niño de pecho celoso (P5): a esa edad, la vida social y los conocimientos aún no han podido deformarlo. Rousseau respondería que los celos ya suponen compararse con los demás, y por tanto el amor propio (amour-propre), que nace en sociedad. El desacuerdo se refiere a lo que ya es «social» en un lactante.
En qué punto está el debate (nuestro resumen)Una cuestión abierta, estudiada hoy por la psicología del desarrollo: ¿a qué edad y de qué forma aparecen los celos, la ayuda y la comparación en el niño pequeño? Existen observaciones, pero los dos bandos las leen de manera opuesta.
U
Una objeción extraída del propio relato ataca la premisa 5

En su propio relato, Agustín escribe que solo no habría robado las peras: amaba también la complicidad de la banda, la risa de engañar a gente que no sospechaba nada. El robo vendría, pues, de la compañía y de la edad (dieciséis años), no de una naturaleza mala.

Hipona responde
Hipona Lo que Agustín dice de ello (II, 9, 17)
Resumen: Agustín señala que solo no habría cometido este robo, ni habría sentido placer en hacerlo. Lo llama una amistad «demasiado enemiga» y una seducción del espíritu: un deseo de hacer daño por juego, sin ganancia ni venganza, y la vergüenza de no ser un desvergonzado cuando alguien dice «vamos, hagámoslo».
M
Margo Gardner y Laurence Steinberg 2005
Resumen: en un experimento sobre la toma de riesgos, adolescentes, adultos jóvenes y adultos jugaban solos o con dos compañeros presentes. La presencia de los pares aumentaba notablemente la toma de riesgos en los adolescentes y los adultos jóvenes, pero no en los adultos. Los autores ven en ello un efecto propio de la edad, que puede explicar en parte conductas que esas mismas personas no tendrían estando solas.
En qué punto está el debate (nuestro resumen)Agustín y sus críticos coinciden en un hecho: la compañía influyó. Discrepan sobre lo que eso demuestra. Si la pandilla hace aflorar la inclinación, ¿es la prueba de que ya estaba ahí (Agustín), o de que proviene del grupo y de la edad (Rousseau, Gardner y Steinberg)?
Kant 1793 · ataca la premisa 5

Resumen: Kant admite que existe en el hombre una propensión universal al mal, pero se niega a buscarla en la sensibilidad y en las inclinaciones naturales. Esa propensión solo puede residir en la libertad: solo lo que es nuestro propio acto puede llamarse moralmente malo, y debe sernos imputable. Aplicado al lactante de Agustín: los celos de un niño son un movimiento de la sensibilidad, que todavía no es mal moral.

Hipona responde
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Hipona Lo que Agustín ya sitúa en el alma
Resumen: Agustín escribe que la debilidad del cuerpo del lactante es inocente, pero que su alma no lo es: sitúa la falta en la voluntad, no en los miembros. Añade que toleramos estos defectos en el niño porque pasan con la edad, no porque no sean defectos.
En qué punto está el debate (nuestro resumen)Agustín y Kant coinciden en que la propensión al mal es universal y en que reside en la voluntad, no en el cuerpo. Difieren en cuanto a su origen: para Agustín, la herencia de una primera falta; para Kant, un acto de libertad del que no cabe dar ninguna causa ulterior.